Un PAC erosionado y en franco declive
Marcos Chinchilla
Montes
El que el movimiento social que rechaza el combo fiscal haya
crecido 23 puntos en tan solo 3 días, debe estar generando un cisma en Casa
Presidencial, en las y los diputados oficialistas, en las y los diputados
opositores que se sumaron a la causa del PAC (o a la inversa, que subsumieron
al PAC a los intereses del PLN y el PUSC) y particularmente, en el empresariado
que se niega a pagar impuestos en función del nivel de ganancias y capital que
tienen.
Carlos Alvarado y su equipo de neoliberales afines, deben de
asumir esta situación prácticamente como una derrota. No solo es que la
estrategia comunicativa que han utilizado para imponernos el combo fiscal
fracasó, sino que también tantas expresiones de corrupción acumuladas durante
los últimos años, ha sido realmente dimensionada: la clase política y
empresarial vive a sus anchas gracias a la explotación que viene haciendo de
millones de personas trabajadoras.
Sin embargo, Alvarado y Piza se niegan a escuchar el clamor social
y más bien tienden a deslegitimar los argumentos de quienes se sumaron a la
amplia huelga nacional que tuvo una acogida realmente inesperada, pero
comprensible. Esta estrechez mental y política le está pasando una amarga
factura al PAC, recuérdese que recientemente el CIEP de la UCR informó que
Alvarado tenía una valoración positiva tan solo del 35% de las personas
entrevistadas, y ahora se le suman estos datos de Repretel que sin lugar a
dudas, le son crecientemente adversos. El capital político del PAC y el
gobierno está en franca erosión y declive, y es una verdadera pena, pues por un
tiempo, existía la esperanza de que ese partido retomara la senda de justicia,
igualdad y equidad que la población costarricense tanto anhela.
A Piza poco puede importarle la debacle del PAC, con haber
alcanzado un 16% de los votos del electorado, se siente satisfecho con haber
sacado al muerto del coma.
La respuesta de Carlos Alvarado del domingo pasado en la
cadena de televisión deja presumir una posición fuerte y sin margen de
negociación: él como presidente, macho-varón (machín, al decir de las amigas
feministas), jefe, cabeza, escogido y ungido por el electorado (votado por ser
menos peor y peligroso frente a Fabricio Alvarado) tiene la verdad absoluta, no
está dispuesto a escuchar y menos a hacer concesiones. Sin pena ni gloria, su
elenco de ministros y jefaturas, incluso hasta regidores municipales, se han
dedicado de lleno a perseguir, amenazar y violentar el derecho a huelga de
quienes trabajan en el sector público; dichosamente con no mucho éxito. Debo
reconocer mi decepción para con Edgar Mora, Ministro de Educación, a quien
consideré más sensato; su brillantes quedó opacada por ese plegarse acrítico al
gobierno.
La huelga podrá ser calificada como ilegal, pero sabemos que
es justa; una medida desesperada pero anunciada dada la intransigencia del
ejecutivo y el legislativo.
El escenario no deja de ser complejo, en un día de movilización
nada está resuelto. El gobierno podría enredarse más en sus mecates, dar un
salto al vacío y recurrir a la violencia, cosa que lo terminaría de enterrar; o
en un acto de humildad e inteligencia política, sacar el combo fiscal de la
corriente legislativa, e impulsar una discusión nacional, democrática,
sectorial y participativa (nada de notables) que permita generar un consenso
sobre una reforma fiscal progresiva en la que todos aportemos según nuestros
ingresos y capital.
Por el momento, quienes estamos en la acera que
adversa el combo fiscal, debemos tener una actitud vigilante, continuar la
huelga, mantener y ampliar las movilizaciones, rechazar cualquier acción
violenta que nos deslegitime, y redoblar la campaña informativa en redes
sociales; misma que dichosamente ha expuesto con creces a la clase política y
empresarial corrupta que ha tomado al país desde hace varias décadas para su
provecho propio.
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