Me conmovió de sobremanera leer sobre todas aquellas
personas que hicieron el esfuerzo por regresar a Costa Rica, casi que con el
fin exclusivo de votar y alzar su derecho a favor de una sociedad que continúe
acogiendo un orden democrático que aunque imperfecto, brinda garantías de una
institucionalidad y convivencia social orientada a la tolerancia, la justicia
social, la integración y el respeto del derecho.
Si bien desde el gobierno de Monge (1982-1986) esas
condiciones se han venido deteriorando con la intromisión del neoliberalismo,
lo cierto es que la sociedad costarricense no ha claudicado en su anhelo y
esfuerzo por alcanzar una sociedad donde todas las personas quepamos en
condiciones de justicia, igualdad y equidad en la distribución de riqueza, y en
los años recientes, con mayor nivel de armonía con la naturaleza.
Las últimas semanas, y particularmente con la presentación
del Plan de Gobierno 2.0 del Partido Restauración Nacional, dejó en evidencia
la odiosa confluencia de los intereses económicos de la burguesía nacional que
parecieron tener muy buena sintonía con un discurso moralizante, evangelizador
y discriminatorio de todo aquello que se aparta de la moral fundamentalista
cristiana. Doloroso tener que reconocer como el odio, la intolerancia, la
persecución, el fundamentalismo religioso y la violencia se visibilizaron y
posicionaron con simpleza en nuestra sociedad; estábamos o estamos a un paso de
que se instalara el pensamiento nazista que otrora acabó con la vida de
millones de negros, judíos, gays y gitanos
Dichosamente, hoy le asistimos un duro golpe a esa visión de
mundo que pensaba retrotraernos 2000 o 2500 años hacia atrás, heredándonos
incluso tradiciones e instituciones del oscurantismo medieval y de la
inquisición católica.
Muchas pueden ser las razones por las cuales la sociedad
costarricense se volcó contra la propuesta del sequito de Fabricio y los
neoliberales que posteriormente se le adhirieron; sin embargo, me voy a
concentrar brevemente en las siguientes:
1. La
ampliada indignación nacional que borró las fronteras de la pertenencia
partidaria y que reconoció el riesgo de violentar un orden societal basado en
la defensa, promoción, respeto, exigibilidad y disfrute de los derechos humanos.
2. Indiscutibles
falencias intelectuales, profesionales y personales de Fabricio Alvarado que
quedaron ampliamente demostradas en los pocos debates en que participó.
Participar en política no es lo mismo que hablar en lenguas en un culto.
3. Incomprensión
e irrespeto aberrante hacia la normativa internacional con la que el país se ha
comprometido durante varias décadas, y que a su vez son garante de la promoción
de los derechos humanos y las normas de convivencia internacional.
4. La
relación personal y espiritual entre Fabricio y Rony Chávez (este último su
padre espiritual) se tornó en un elemento de conflicto en la campaña en la
medida que Chávez argumenta que la Virgen de los Angeles es un espíritu
demoniaco que debe ser combatido y desterrado. Este es un tema muy sensible
para millones de católicos en el país y Fabricio nunca fue capaz de aclararlo o
procuro desviar la discusión.
5. Un
plan de gobierno que en sus diferentes versiones no demostró ni coherencia, ni
una direccionalidad política nacional, y que más bien dejó la sensación de ser
el plan de una iglesia que quería expandirse a nivel nacional e imponerse como
orden moralizante.
6. Choque
frontal y un cuestionamiento continuo hacia la institucionalidad electoral
costarricense.
7. Adhesión
oportunista de una serie de figuras ampliamente cuestionadas y mohosas del
Partido Liberación Nacional, entre ellas Antonio Alvares Desanti -candidato
perdedor; lo que permitió dejar en claro que el Partido Renovación Nacional es
sumamente poroso, que eso de las manos limpias es solo un eslogan de campaña, y
que para hacer negocios, se lo hace desde cualquier partido político. A esto
hay que sumarle la adhesión de Otto Guevara y otros candidatos presidenciales
perdedores que más bien resultaron inconvenientes.
8. La
sospechosa relación entre la campaña de Fabricio Alvarado, el diario digital el
Mundo y OPol Consultores que generalmente le favorecía en las encuestas y que
solía distanciarse con creces a las encuestas del CIEP de la Universidad de
Costa Rica. Los resultados electorales dejan en amplio descredito a OPol y las
personas que estaban detrás de esa empresa.
9. La
indignación nacional se expresó no solo en el voto, sino en una sostenida
campaña de memes, videos, comentarios, noticias y reflexiones en las redes
sociales y en Whatsapp, las mismas debe asumirse como formas de participación
social y de educación que permitieron conocer los riesgos que implicaba un
posible ascenso de Fabricio Alvarado a la presidencia del país.
La derrota de Fabricio es a su vez una derrota para los
hermanos Arias pues sus intereses económicos y políticos se posicionaron
rápidamente detrás de éste; es una doble derrota para un deslucido Alvarez
Desanti, sus seguidores y el sector más rancio del PLN; y es una humillación
para la Iglesia Católica costarricense que le cedió espacio al fundamentalismo evangélico,
perdiendo credibilidad social.
Sin embargo, deseo llamar la atención sobre el siguiente
aspecto. En este round Fabricio resultó perdedor; no obstante, desde hace
varios años el fundamentalismo cristiano aprendió a degustar las mieles del
poder, y van por éste. Desde mi lectura, el fundamentalismo cristiano es ya un
movimiento social (eso sí, de derecha), y han venido demostrando que tienen
músculo político y que tienen capacidad para movilizarse y hacer temblar la institucionalidad
costarricense; sino no, recuérdese la cantidad de diputaciones que ganaron para
la próxima Asamblea Legislativa, situación que avizora una situación
especialmente delicada para el gobierno Carlos Alvarado.
Finalmente, tenemos cuatro retos muy importantes y que no se
deben de descuidar, a saber:
1. Carlos
Alvarado debe hacer un excelente gobierno en términos de justicia social,
distribución de riqueza, desarrollo de infraestructura, protección del medio
ambiente y defensa de los derechos humanos; de no hacerlo, puede que no
resistamos un nuevo embate del movimiento fundamentalista cristiano y su
asociación con el pensamiento neoliberal.
2. El
Tribunal Supremo de Elecciones debe revisar y modificar su normativa. Resulta
inverosímil que ante tanta violación a la norma electoral, el tribunal se quede
casi de brazos cruzados.
3. La
vivencia espiritual debe complementarse con un pensamiento científico que
permita enfrentar el pensamiento mecánico-mágico-religioso que está en la base
del fundamentalismo cristiano. El desarrollo de una política cultural,
educativa y participativa podría incidir en que recuperemos lo mejor de
pensamiento de la ilustración, sin descuidar una relación constructiva y
respetuosa con el medio ambiente.
4. La
capacidad de reacción y acción social que asumió una buena parte de la sociedad
costarricense contra la intolerancia debe mantenerse y fortalecerse. Como lo
externe líneas atrás, el fundamentalismo cristiano es ya un movimiento social,
con músculo y presencia en la Asamblea Legislativa; vendrán días aciagos en los
que intentaran imponer su visión moral y excluyente de lo que es el ser humano,
y debemos tener capacidad para cuestionarlos y enfrentarlos.
Dichosamente ganó la sensatez, el respeto a lo socialmente
diverso, una agenda que garantiza los derechos humanos, y especialmente, la
institucionalidad republicana que con sus evidentes limitaciones, aún permite
la convivencia y la inclusión y existencia de la diferencia. Por el momento,
con buen tino enterramos la intolerancia.

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