Malas nuevas para el Trabajo Social
Marcos Chinchilla Montes
Hace pocos días una preocupación que andaba dando vueltas por Facebook,
finalmente saltó a mi Whatsapp: varias personas consultaban por una normativa
que pretende ubicar al Trabajo Social en el campo de las Ciencias de la Salud.
Era tan omisa la información, que no logré precisar a qué país
correspondía; sin embargo, gracias a la gentil información suministrada el día
de ayer por Aracely Linares (El Salvador) y Kelly Llorente (Colombia), tuve un
panorama más amplio de esta situación, la cual me parece sumamente delicada y
que necesariamente va a requerir de un amplio debate regional.
Según la documentación consultada, el Ministerio de Educación Nacional
de Colombia está impulsando una reforma en la cual el Trabajo Social es ubicado
en la denominada “sala” Ciencias de la Salud, “campo específico” Bienestar.
De entrada, esa clasificación me resulta tremendamente grotesca, no solo
por la exclusión que se hace de nuestra profesión de las Ciencias Sociales,
sino que también limita de manera aberrante los escenarios de intervención
profesional. Bien es conocido por estudiantes y profesionales, que a lo largo
de casi 100 años de existencia del Trabajo Social en América Latina, ésta se ha
desarrollado en muy diversos campos de intervención, generando experiencias
metodológicas y debates teóricos de enorme relevancia para avanzar en procesos
de emancipación social -nótese que no se niega el carácter instrumental de la
profesión en los términos que plantea Yolanda Guerra.
Si bien este conflicto tiene diversas aristas para el caso colombiano,
por razones de espacio me concentraré exclusivamente en el texto denominado “Clasificación
Internacional Normalizada para la Educación” (UNESCO, 2011), sobre el cual se justifica
la decisión que tomó el Ministerio de Educación de ese país.
En el documento de marras, nuestra
profesión se ubica así: “7 Salud y servicios sociales, 76 Servicios Sociales.
Asistencia social: asistencia a minusválidos, asistencia a la infancia,
servicios para jóvenes, servicios de gerontología; Trabajo social: orientación,
asistencia social no clasificados en
otra parte.” (El subrayado no es del original).
Sin lugar a dudas, quienes
redactaron el documento, tenían un amplio y vergonzoso desconocimiento sobre la
naturaleza de nuestra profesión y sobre su desarrollo histórico; desconocimiento
que se traslada al hecho de que cada país organiza sus sistemas de estudio en
función de particularidades históricas (aunque el documento hace alusión a la
experiencia de quienes redactaron el documento, y al democrático proceso de
consulta que le antecedió).
La movilización que actualmente
impulsan estudiantes, profesionales y organizaciones académicas y gremiales de
Trabajo Social en Colombia, presagia la necesidad de al menos:
- Impulsar un proceso de debate universitario y gremial (nacional y regional) para no solo determinar las falencias de la propuesta de la UNESCO, sino para realizar propuestas con base en la realidad de cada país. La participación de ALAEITS, COLACATS, FITS y la IASSW resultará de enorme valor.
- Promover un proceso de negociación nacional con la institución rectora en materia educativa, para dar a conocer las implicaciones negativas de la clasificación propuesta por la UNESCO. El concurso de diferentes profesiones, universidades, colegios profesionales y actores sociales, puede dar al traste con esa visión homogenizante y ahistórica patrocinada por esa organización internacional.

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