Los Panamá Papers, ya
lo sabíamos
Marcos Chinchilla Montes
Esa opulencia que se manifiesta en la renovada
Ciudad de Panamá lo desborda a uno, rascacielos y más rascacielos se pierden en
una ciudad que en pocos años dejó de ser la que conocíamos. Incluso el mismo
casco antiguo de la ciudad ya no es tan antiguo, fue eructando de a poco a los
pobres y nuevos inquilinos hacen sus negocios. Claro que la opulencia de ese
mundo de concreto, cristales y fantasía no llega a San Miguelito o a los
Chorrillos, pueblos ubicados a pocos kilómetros y que poco o nada reciben de
esa riqueza.
Cuando un pregunta por toda esa opulencia,
muchos panameños te dicen que es mejor no hacer esas preguntas, que nadie sabe
nada; incluso, que la gente es feliz. Así, aderezado y adormilado por el rey
reggaeton, para muchas personas quedan sepultadas las preguntas que se hacían
Blades y Colón en temas como Plástico o Pablo Pueblo.
Desde mi perspectiva, los Panamá Papers son
apenas la diminuta punta del iceberg de una economía global que ha privilegiado
la concentración de riqueza y la escandalosa extensión de la pobreza. Es de
sobra conocido que otras empresas radicadas en Panamá se dedican al mismo
negocio, por lo que es de presumir que en sus bases de datos guardan
información de muchos más clientes que se han dedicado a transferir sus
ingresos a paraísos fiscales para evitar el pago de impuestos (véase el caso
del banco HSBC que facilitó la evasión de impuestos por 180.000 millones de
dólares). Este escándalo global viene a confirmarnos lo que ya sabíamos desde
hace mucho tiempo, con la novedad de que en esta ocasión se hacen visibles
nombres, relaciones y fortunas.
Lo mejor de todo esto, es el cinismo
-igualmente globalizado- de los políticos, empresarios, deportistas, artistas y
otros beneficiados del capitalismo global: no tienen nada que ver con el
asunto, los procedimientos fueron legales, ocurrió hace mucho tiempo, ya
algunos están muertos, las sociedades nunca funcionaron, o tan solo eran
integrantes de una junta directiva fantasma. Incluso algunos tienen la
desfachatez de amenazar con juicios a quien se ose a compartir la información
por Internet y mancillar sus buenos nombres y enormes fortunas.
De lujo es encontrar en el mismo saco a un
Macri, a la pinche familia real española, a Mezzi, al primer ministro islandés,
al rey de Arabia Saudita, y a un sinfín de riquillos que antepusieron su
bienestar personal y sepultaron el interés de la colectividad, si, de toda la
humanidad. Les da igual que asesinen a Berta Caceres, que violen a indígenas
ixiles, poco les importa la ingrata y mortal migración hacia el norte
“desarrollado”.
Duros tiempos nos esperan, la derecha global se
ha reconfigurado y viene conspirando exitosamente contra todos aquellos
proyectos societales que siembran esperanza, que reivindican dignidad para la
humanidad, que optan por justicia y equidad, por respeto hacia la madre tierra.
En ese sentido, no es casual el sistemático torpedeo -o hundimiento en otros-
de todos aquellos esfuerzos que inclusive de manera tibia, se atrevieron a
cuestionar el capitalismo en América Latina.
Ante los tiempos duros, resistencia y más
resistencia o como lo cantaba Víctor Jara: “A desalambrar, a desalambrar! que
la tierra es nuestra, es tuya y de aquel…”.
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