Las torres gemelas (I)



Las torres gemelas (I)


El acto terrorista del pasado 11 de setiembre es un acto sin sentido que no dudamos en censurar. ¿Pero es motivo suficiente para declarar una guerra y exterminar quizás 10 o 20 veces más personas de las que fueron asesinadas en EUA?

La bandera de la guerra fue esgrimida por el gobierno estadounidense desde el primer momento. La xenofobia se ha apoderado de amplios sectores de la población norteamericana, y ya se cuentan por decenas los asesinatos de nuevos inocentes. Su pecado: ser árabes o algo parecido (sic).

Dos días después del atentando, un religioso cristiano norteamericano se quejaba del sin sentido de tanta muerte. Yo me atreví a recordarle solo unos cuantos muertos: los 3 millones de vietnamitas muertos durante los 60 a manos del ejército yanqui, la guerra de baja intensidad en Centroamérica en que murieron mas de 100 mil herman@s gracias al apoyo norteamericano. Le recordé el apoyo que le dio EUA a la dictadura de Pinochet y su responsabilidad en los más de 18 mil "desaparecid@s" de la dictaduras del Cono Sur. Su respuesta fue contundente y vergonzosa: tuvimos que matarlos por la paz del mundo. En otras palabras, los muertos que cuentan son los de mi patria, no los del tercer mundo.

Esta guerra le viene en buen momento a EUA:
  1. La economía en plena recesión se acelerará con la inversión que se realizará en el sector armamentístico y conexos.
  2. Aunque inverosímil, se sigue insistiendo en la necesidad de construir un escudo antimisiles. Miles de millones de dólares irán a parar a la industria armamentista.
  3. EUA por fin cuenta nuevamente con un enemigo. Ante la desaparición del comunismo, la pequeñez de Sadán o la insignificancia de la droga sudamericana, la llegada de Bin Dalen crea las condiciones necesarias para asegurar la hegemonía, para tener un mundo al cual defender y de quien defender (aunque no se lo solicitemos).

La guerra es un buen negocio, no importa que hayan muerto mas de 6000 personas y que su entierro se transmitiera en vivo. La reconstrucción de Manhattan -en palabras de Miguel Angel Rodríguez, presidente de Costa Rica y neoliberal declarado- permitirá la recuperación de la economía norteamericana y por ende, asegura la situación económica de los países con quienes comercia EUA. ¡Pero los muertos parecen no entrar en esa relación económica!

Sin embargo, ¿queremos todos los habitantes del planeta una guerra como la que planean Bush y otros abanderados de la guerra? ¿Queremos su nuevo desorden internacional?
Un sentir generalizado en nuestras naciones va demostrando una amplia oposición a la guerra. Parece que somos conscientes del sin sentido que ello implica. Solo una sociedad tan desinformada como la estadounidense está dispuesta a ignorar que los sucesivos gobiernos de su país han colaborado con tanta tragedia y muerte alrededor del planeta. Siembra vientos y cosecharas tempestades, la regla invisibilizada en el norte desarrollado y embrutecido.

Casi toda la prensa hace eco de la necesidad y justificación de la guerra. Nos la venden como la única opción para un mundo seguro. Pero como colectivo profesional -y más aún, como personas- cuál es nuestro sentir, cuál es nuestra propuesta.
Considero que como trabajadores sociales tenemos que oponernos decididamente a cualquier intento orientado a construir "la paz del mundo" a partir del eufemenismo de que la guerra es necesaria, la única opción, el camino inevitable.

Alrededor de América Latina múltiples iniciativas comienzan a tomar forma para oponernos frontalmente a la violencia y muerte "legalizada" que pretende EUA y la OTAN. Que no nos sorprenda la muerte, nuestra propia muerte, con una sonrisa complaciente y sin haber hecho nada para detener esta nueva cruzada contra la humanidad.

Marcos Chinchilla Montes
Trabajador Social
Costa Rica

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